domingo, 30 de octubre de 2016

Para tirarse de los pelos

La depilación, ese gran desconocido. Hay innumerables técnicas, productos, marcas, centros y estilos de depilación. Cómo no va a haberlos, si la depilación es a la mujer lo que la mala ortografía a la Esteban: pegada a ella de por vida sin remedio. Si preguntáramos a los bebés niña de hoy en día si quieren nacer con un pan bajo el brazo, estoy segura de que dirían que prefieren nacer con un bono de tarifa plana en el centro de depilación láser de su barrio.

Nacer mujer es una cruz por varias razones, las cosas como son. Más en unos países que en otros, pero siempre nos van a caer más marrones. Se habla mucho de la regla, ese regalo envenenado que la madre naturaleza nos ha hecho a nosotras las mujeres, y lo entiendo: es un coñazo, un engorro y un gasto de dinero que no podemos evitar. Pero por eso mismo no le doy tantas vueltas. Está en nuestra esencia, nos ha tocado a nosotras parir y sangrar, la vida es dura. Otra canción distinta es la otra gran carga para las féminas: la MALDITA OBLIGATORIEDAD DE LA DEPILACIÓN. Que levante la mano la que nunca se haya quedado sin hacer algo porque estaba sin depilar.

La madre naturaleza no ha tenido ahí ni voz ni voto, ha sido una tortura autoimpuesta por nosotros los humanos (¿impuesta por los hombres a las mujeres, por nosotras mismas...?). Contra esto sí que podríamos actuar, simplemente (facilísimo, oye) dejando de hacerlo. Está en nuestro poder evitarlo, no como la regla, que tenemos que asumirla y vivir con ella. Sin embargo, yo no oigo a muchas mujeres quejarse sobre esto. De hecho, sospecho que, para vivir mejor con esta obligación social y disimular nuestro sometimiento, la hemos abrazado como si fuera una decisión propia y consciente, reivindicándola incluso, de manera que demos la impresión de que somos libres de elegir. Uy sí, unas rebeldes independientes. Podría no depilarme, pero como mujer libre, independiente, moderna y feminista que soy, he elegido hacerlo voluntariamente y sin presión de ningún tipo. Claro, claro.

Ojo, yo no me meto con la depilación, igual que no me meto con los tintes de pelo, los tatuajes, las pestañas postizas o los piercings. Porque yo no llevo piercings y nadie me lo ha echado nunca en cara. También me he teñido el pelo cuando me ha dado por ahí, y no lo he hecho cuando no, y a la gente se la ha traído al pairo. Pero fíjate que no me ha dado por salir a la calle en pantalón corto y sin depilar; sospecho que no sería una experiencia precisamente cómoda. Me miraría todo el mundo, algún gilipollas me haría algún que otro comentario, y potencialmente quedaría marginada de la sociedad y quizá expulsada de la Tierra para siempre.

Yo puedo llegar a entender (y tampoco) que ellos, los humanos que han nacido hombres, desde su posición privilegiada de amplios derechos estéticos, entre otros, defiendan la depilación femenina y piensen que una tía sin depilar es una feminazi, lesbiana, guarra, X (esto sacado de una rápida investigación en foros y sabiendo que ya, no todos piensan así, pero la mayoría). Porque qué bien, qué cómodo es que ellas gasten dinero y sobre todo tiempo de vida (¿cuánto tiempo de nuestra vida dedicamos a la depilación? Quiero llorar solo de pensarlo) en algo que ellos dan por hecho que merecen y hasta creen que lo hacemos gustosas y con una amplia sonrisa en la cara, porque somos superfemeninas y nos gusta sentirnos así, y el rosa, y los tacones, etc. Lo que no puedo admitir es que tantas y tantas mujeres lleguen a decir cosas como que "no depilarse es una falta de higiene" y que sean las primeras en tachar de inadmisible la posibilidad de no depilarse. Luego todas con el pelo largo, y a veces grasiento y con caspa, pero eso no es lo mismo, claro. Eso sí es higiénico. Y los pelos de tu novio también.

Una vez, un chaval de 13 años me preguntó si las mujeres nos depilábamos o es que no teníamos pelo. No era a coña, era una pregunta real, por curiosidad. Mirad hasta qué punto llega la imagen potochopeada que se ha querido imponer: ya hasta nos creemos que el estado natural de la mujer es tener la piel de todo el cuerpo como el culito de un bebé. Pues no, NO, ¡tenemos pelos! Ojalá que no, pero esos inquilinos indeseados están ahí dando siempre por culo. Están ahí, siempre lo han estado, y siempre han sido naturales y normales hasta que hace menos de un siglo (porque sí, esta tortura depilatoria que hemos adoptado como axioma social en realidad es nueva) se decidió que había que quitarlos y, para desgracia de todas nosotras, esa idea caló hasta las mismas raíces de la cultura actual. Sin importar que fuera doloroso, incómodo y perjudicial para la piel (un saludo a las lectoras con piel sensible que, a causa de la depilación, tienen que sufrir otras cosas como irritaciones, heridas, pelos enquistados, etc.).

No defiendo un "libres domingos y domingas" aplicado al vello corporal en cualquier contexto, simplemente estaría bien que fuera un factor estético que pasara medio desapercibido, equiparable a ir peinada, maquillada, con tacones o con las uñas pintadas: algo que supone un esfuerzo y que haces cuando quieres, y si no, pues no. Como para una cena, una fiesta, o todos los días también si te da la gana. Ir con un vestido de gala y con la pelambrera no pega, igual que no pega ir con un moño de esos de abuela que te haces en tu casa, las cosas como son. Pero en otros contextos... En realidad, ¡casi me conformaría simplemente con que más chicas se quejaran y hablaran de ello! Que quedara constancia del sacrificio que conlleva.

Los salarios, la proporción de hombres/mujeres en las esferas de poder o en el deporte de élite, los roles de género, la tasa rosa, la violencia machista o la depilación (¿a que te parece que no pega en esta lista?) son indicios de desigualdad que hay que arreglar lo antes posible. Pues no busquéis más, creo que he dado con la solución: si dedicáramos a todas esas causas el mismo tiempo que dedicamos a la depilación (o la mitad, ¡solo con la mitad igual ya bastaría!), a estas alturas habríamos avanzado tanto que los hombres hasta podrían parir. Y nosotras podríamos ir a la piscina en cualquier circunstancia.

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Nota 1: las ilustraciones tan monas en español que he rescatado para este post son de la ilustradora Rocío Salazar, buscadlas porque no tienen desperdicio.

Nota 2: si os interesa este tema, os dejo un par de artículos guays que he encontrado aquí y aquí.

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