martes, 1 de marzo de 2016

Quiere y punto.

Hay tantas formas de sentir como personas en el mundo.


Iba el otro día en el metro de Rennes, ciudad donde resido temporal y felizmente, y a mi lado había una señora que leía un periódico gratuito de los que abundan en la entrada de las estaciones. Últimamente todas las noticias hablaban de los acontecimientos de París y probablemente la mitad de ese periódico seguiría hablando de eso. Sin embargo, la página que estaba leyendo la mujer tenía un artículo titulado "Et toi, c'est quoi ton genre ?" (Y tú, ¿a qué categoría perteneces?), un título que juega con el doble sentido de la palabra francesa genre, ("género" o "tipo") de manera poco acertada a mi parecer. Era un artículo dividido en apartados de los que no alcanzaba a leer más que el título y que hablaba sobre las categorías sexuales-afectivas de las personas. De ahí el juego de palabras de antes, como si el concepto de "género" fuera la causa o la consecuencia de nuestras relaciones afectivas.

Ver aquel artículo me hizo pensar en la manía que tenemos de clasificar las cosas. Soy consciente de la utilidad de las clasificaciones y yo soy la primera persona a la que le encanta clasificar, pero todo tiene un límite. Para mí, una clasificación es algo científico, cuadriculado, A o B, un esquema. ¿Cómo podemos clasificar lo abstracto, las medias tintas, las mezclas, lo variable? ¿No podemos, en esos casos, ignorar nuestra manía y simplemente concebir una gran nube donde quepan todas las variantes? A mí me parece lo más lógico y lo que más libertad da.

Lo malo es que parece que la gente necesita un saco donde meter las cosas. En el saco entra lo normal y fuera del saco está lo raro o inaceptable. Si hay suerte, conseguiremos ampliar el número de sacos y tener así más cosas que entren en lo normal; ganaremos en libertad pero seguirá habiendo cosas que no entren en ningún saco. Si hay muchííííísima suerte, acabaremos teniendo muchos sacos y la gente estará dispuesta a ampliar aún más las categorías en un arrebato de tolerancia, de manera que cuando haya algo que no entre en ningún saco, se cree otro saco para que eso quepa. Pero digo yo: ¿por qué no dejamos de crear sacos ya?

Vamos a centrarnos en el tema del artículo del periódico. Por lo poco que pude ver, hablaba de estas nuevas categorías o sacos que han surgido para meter a la gente según sus preferencias: heterosexual, homosexual, bisexual, asexual, demisexual... (para más información, consultar este link de Wikipedia, vais a flipar). Llega un momento en que hay tantas categorías que carece de sentido seguir haciendo más. ¿Es que de repente están surgiendo orientaciones nuevas? No, siempre han estado ahí, al menos desde que el ser humano es tal, pero es ahora cuando se está dando la oportunidad a esas orientaciones de ser reconocidas y, por tanto, de tener un nombre.

Buscando, resulta que he encontrado el término "PoMosexualidad" (ya estamos con los nombres). Es un término que me gustaría si estuviera buscando un nombre a lo que defiendo, pero precisamente defiendo la ausencia de etiquetas. Este palabro hace referencia a que la atracción o el afecto están más allá del sexo, el género o la orientación de cada uno. De aquí yo saco que uno se enamora o se siente atraído por una persona (o varias). Pero personas, humanos, sin más. No hombres, no mujeres, no solo unos o solo otros.

Me hace gracia esa gente que, cuando habla de estas cosas, dice que "o normal o gay, pero eso de darle a todo ya no lo entiendo, eso es vicio". Yo personalmente opino que lo único que tiene lógica aplastante naturalmente hablando es ser hetero, por aquello de la supervivencia de la especie. Entonces, una vez te sales un poco de ahí y concibes que hay personas homosexuales... ¿por qué no te abres a todo lo demás? Qué manía con decir que hay cosas que están bien o son normales en este ámbito. Qué manía de cortar libertades y experiencias. Qué manía de coartarse a uno mismo.

Querer es bonito, es precioso. ¿Tiene 10 años menos o más que tú? Vale. ¿Hace dos años salías con un chico y ahora te gusta una chica? Vale. ¿Estás enamorado de dos personas a la vez? Te compadezco por los problemas que eso te pueda traer, pero vale. ¿Nunca te gusta nadie? También te compadezco por todas las veces que tendrás que aguantar las preguntas de siempre. Me gustaría decirte "haz lo que te dé la gana", pero lo cierto es que no puedes. No podemos elegir estas cosas, vienen solas. Y por eso no podemos clasificarlas ni condenarlas ni opinar sobre ellas, no están bajo nuestro control.


No podré decirte que hagas lo que quieras, pero sí que seas feliz. Con lo que te haya tocado. Abrázalo y vívelo. 

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